viernes, 15 de junio de 2012

Orquídeas

Tres orquídeas y nada más
en tu ventana.
A veces paso por allí
cuando la lluvia es menos insolente,
y las estrellas puntillosas reconocen mi visita.
La realidad es un balazo en la pierna,
como una patada realmente fuerte
desencajando las mandíbulas
y recordándonos que la verdad
a pesar de todo
no es más que una boca desencajada.
Pero eso nunca ha sido más importante
que aquellas tres orquídeas.

Las bocas de orquídea son como volver a ese lugar
donde las flores se despiden de la lluvia,
donde mi sonrisa era un rifle
con el que nunca quise matar a nadie.
Tu sencillez lo hacía todo tan sumamente complicado
que no sé muy bien cómo podría explicarme ahora.
No me quedan muchas balas.

Tres orquídeas en tu ventana,
nada más.
Tu ausencia en mi sofá a veces cobra vida propia
y no sé exactamente qué nombre ponerle
(aunque algunos se empeñen en llamarle nostalgia).
Te recuerdo tantas veces que en ocasiones te olvido
sólo para volver a recordarte
con la sorpresa de un nuevo y extraño regalo.
¿Por qué nunca vuelves a este lado del sofá?

Las cosas son tan sencillas que no sé cómo explicarlas.
Quizá simplemente necesite las mismas orquídeas
en este lado vacío del sofá.

jueves, 24 de mayo de 2012

.

Siempre a ninguna parte,
con los pies clavados en las dunas
como dos claveles de sangre.
Siempre a ninguna parte,
con los labios mojados de negra noche 
derramada en las aceras.
Siempre el mismo siempre
desgastado e inútil, palabra hueca,
como toda aquella despojada 
de una verdad pura en su centro;
y la luna degollada, siempre riendo
y sangrando las noches.
Y mis noches eran mías hasta el puñal de las mañanas,
y mi vida era un cantar enorme de pájaros 
que huyen como balas del invierno.
Y casi siempre la misma lluvia sobre los mismos sueños,
el mismo viento helado crujiendo en mis ventanas,
el mismo recuerdo de lo que será, y no es
más allá del número, oxidado de palabras.

miércoles, 18 de abril de 2012

.

En las calles está su vómito inmenso
resguardado por toneladas de leyes muertas.
Y no hay nada allí. Ya no hay nada,
ni la libre prisión del amor
ni la nostalgia de las horas deshojadas.
No hay sosiego en sus mentiras
que caminan impasibles, vestidas
con traje y corbata;
no existe ni un gramo de verdad
para tanto hambre en las miradas.

Alcemos las manos, presas entre cadenas;
alcemos el canto desesperado del pecho abierto
hasta romper las puertas de otra fría madrugada.
Aunque no quede nada, aunque en la mano
no pueda siquiera aguantar la llama.
Alcémonos aunque ya no quede nada
porque siempre hay algo más allá
del rasgado temor de nuestros ojos,
algo más allá, algo más
que unas tristes migajas de libertad
para estas palomas hambrientas.

jueves, 15 de marzo de 2012

El viejo arte de quemar recuerdos
es el amargo sabor entre los dientes
con su tallo de flor marchita.
El paraíso está ya lejos de nosotros,
como una visión cegada de lo que puede
y nunca llega a ser fuera del imaginar
de nuestros ojos cansados.

Sí. Podría cambiar mil cajas de lugar,
remodelar mis incesantes paredes y mis calles
(¡mis tristes calles de tambores,
casi sin ritmo ya!).
Podría cambiar todo por un pedazo de paraíso,
pero cuando las luces se apagan, a veces
es mejor el ascua de la luna encenizada que esperar,
de forma estúpida, besar el sol
con la punta de los dedos.
Y sabes bien, casi mejor que yo,
que el sangrar de mis yemas es un llanto
crudo y oxidado, que no para de cantar
(hasta que llegue la noche
y su oscura lengua todo lo cure).

sábado, 3 de marzo de 2012

Sucedidos como un conjunto de viejas fotografías.
Así van y vienen los recuerdos,
prendidos en el oleaje, ardiendo en la salina.





Y eso sigue siendo válido y necesario a día de hoy... ¿por qué? Porque no avanzamos.

miércoles, 29 de febrero de 2012

.

El recuerdo es una raíz cortada;
una raíz enredada en las costillas
que te arrancan con el último latido
y el último suspiro en la mirada.

Todas esas personas que para mí son,
o fueron, o serán la ambrosía en los labios,
la furia alzando el grito, el recto camino
del respeto, o la verdad, ¡la verdad!,
contenida en una palabra;
todas esas personas, ¿qué son?
Más allá de mis torpes ojos
son insignificantes gotas de lluvia
mojando la calzada; imperceptibles,
incontables, incontenibles, perdidas.
Más allá de mis torpes y ciegos ojos
no sois más que una máscara
paseada por las calles,
con la torpeza de un llanto herido,
y con la experiencia de una rodilla
que se desprende del suelo
en su enésima caída.
Y yo, que soy exactamente esto,
tres líneas mal contadas,
embotellado tedio de embriaguez
en horas frías de madrugada;
Yo. ¡Yo!
Que me pierdo y no me encuentro,
y que sin mis recuerdos no soy nada,
resguardo vuestras palabras,
pero no puedo pagar la justicia
necesaria para recordarlas.

El recuerdo es una raíz cortada
por una mano invisible, que arranca
hasta la última de sus ramificaciones,
y las lanza lejos, donde nadie puede
ni sabe encontrarlas.
Y el pecho queda desangrado y exhausto,
prendido y helado, ardiendo, coagulado,
convertido en nada.

El recuerdo es, y ya no es nada.
Pero la fama... ¡la fama!
La voz y su eco en el tiempo.
Quizá así pueda retratar, de alguna manera,
a todos los que son y serán,
a todos los que fueron, pero no son nadie
fuera del círculo.
Quizá allí, donde el horizonte no llega,
quizá entonces, quizá yo pueda..
Quizá.


Otra basura más. Ay, ojalá, ojalá, ojalá...

martes, 28 de febrero de 2012

Rosa blanca

El aroma es muerte y rosa fresca
danzando en la punta del alfiler;
las lágrimas disfrazan los rostros
con la melancolía de una magnolia marchita.
Pero no son vuestros rostros disfrazados
lo que yo esperaba, como tampoco
el peso de esa mano
quebrando tu tajo de rosa blanca.
No era lo que yo esperaba,
de verdad. No lo era.
Como el baile de la primavera
llega año tras año, abriendo las flores
y descubriendo ante el mundo
miles de facetas nuevas;
así de rápido llega el invierno
para cubrirlas de nieve, quebrar
sus pétalos, y dejar el alma
en la sombra más fría de la espiga.

Se pasa la vida en el parpadear de nuestros ojos,
casi cerrados ya, sin remedio...
sin remedio... que descansen los tuyos
y calle la mirada profunda de cien cantos silenciados,
silenciados sin remedio, como se silencia todo
bajo nuestros pasos.

martes, 7 de febrero de 2012

El alba y la cremallera

Escondidos en la cremallera del horizonte
como una bandada de pájaros del sueño.
Yo no tengo más que esto,
da igual dónde me esconda.
No tengo más que una voz torcida,
esta voz que nadie quiere, señor, mi voz,
quebrando el saludo de mi fatal hipocresía.

La malicia de las flores es puro romanticismo.
El invierno es un perfecto cuento con malos narradores
y el tiempo es un verdugo seccionando la vista.
¿Dónde queda el hombre? Oculto, quizá,
vomitando entre los helechos de la noche.
El hombre es una mentira inmensa diecisiete veces resuelta,
casi dieciocho veces resuelta, exactamente;
pero el verdadero hombre se esconde
en la cremallera del horizonte,
donde el alba no se abre.
No se abre.
No.



Uno de mis últimos poemas como menor de edad. Sí, mañana puedo ir a la cárcel... es más, mañana IRÉ a la cárcel, sin duda alguna.
Esto hay que celebrarlo.

domingo, 5 de febrero de 2012

3

En momentos como este la presencia es un halo confuso;
una torcida luna colgada en la lejanía
que observa radiante el telón desgarrado.
La presencia es una pena mecida en una hoja,
cayendo estrepitosa en el hueco del vacío.
Todo es descriptible en el fondo de esta ciénaga, pero
¿quién soy yo para juzgar la ambrosía de los labios,
el veneno, o las palabras muertas en callejones?

La noche teje sus hilos de plata y los esparce por las calles,
y las farolas son sólo puñados de constelaciones dispersas.
La herida no es tan profunda como para creer que he muerto,
y el grito del alba es una atormentada melodía de violines anaranjados.
A pesar de todo, yo no creo. ¡No creo!
Y me aferro a mi personaje digno de las peores comedias.

Dejé de creer cuando la luz en mis ojos era menos cegadora que el cuchillo.
No recuerdo el momento ni la herida, pero sí la sangre manchando mis pies
y cubriendo mis manos con su tedioso sabor de hierro oxidado.
Yo dejé de creer, Señor,
cuando la luz que me mostró mi madre era mucho más poderosa que la tuya.
Allí su luz y mis doloridos ojos
saciados de brillo y de muerte nueva los pulmones.
¿Quién firmó mi sentencia? ¿Quién, sin el mínimo temblor en las manos
y sin el manifiesto de la duda en el ceño, podría sentenciar algo
que ni siquiera había comenzado a manifestarse?
¡El gran intérprete! El gran director decidió entonces
zarandear su batuta,
matándome incluso mucho antes de haber nacido.

Ahora tú, sagrado actor, impune personaje de tragedias vacías,
puedes seguir representando un papel demasiado desgastado para volver a representarse.
Ahora tú... ¡usted! Disculpe mi osadía,
sólo es otra estrella que se apaga o que lleva demasiado tiempo brillando muerta.

viernes, 3 de febrero de 2012

Mé-du-la

Arañando la corteza
llega el duro tacto de la máscara.
El tejido y el hueso
tropiezan como un latido,
pero el eco siempre
es una gran mordaza de venas abiertas.

Después,
la médula de la noche
como un cobijo de ojos cristalinos;
y la pena y el espanto
son el cuchillo de la luna degollada.

Después,
la vértebra de la mañana
descolocando las noches.




Hay que empezar a matar, que a partir del miércoles me pueden meter en la cárcel. Pero matar de matar.
(Palabras, conceptos, realidades y blablablá)

jueves, 2 de febrero de 2012

Medio pan y un libro

"[...] No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y anduviese perdido en la calle, no pediría un pan, mejor pediría medio pan y un libro. Critico fuertemente a los que sólo hablan de reivindicaciones económicas, sin mencionar nunca las culturales, que los pueblos están pidiendo a gritos.
Es magnífico que todas las personas coman; pero es mejor que todos tengan saber. Que gocen de todos los frutos del espíritu humano, porque lo contrario sería quedar convertidos en máquinas al servicio del Estado, convertidos en esclavos de una terrible organización social.
Lamento mucho más que alguien desee saber y no pueda, que el que alguien pase hambre. Éste aplaca el hambre con un pedazo de pan o con algunas frutas; pero quien tiene ansia de saber y no tiene los medios sufre una profunda agonía, porque son libros, libros, muchos libros, lo que necesita. ¿Y dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Palabra mágica que equivale a decir: "amor, amor”, y que los pueblos debieran pedir como piden pan o anhelan la lluvia después de la siembra.
Cuando Dostoievski, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, se encontraba prisionero en Siberia, aislado del mundo, metido entre cuatro paredes y rodeado de desoladas extensiones de nieve infinita, en una carta a su familia pedía que le socorriesen: "¡Envíenme libros, libros, muchos libros, para que mi alma no muera!”
Tenía frío y no pedía fuego; sed y no pedía agua; pedía libros, o sea horizontes, peldaños para subir al ápice del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural en un cuerpo hambriento, provocada por el hambre, la sed o el frío, dura poco, muy poco, mientras la del alma insatisfecha dura toda la vida.
Dice el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más auténticos de Europa, que el lema de la República debiera ser: "Cultura”, porque sólo mediante ella es posible solucionar las dificultades que hoy enfrenta el pueblo lleno de fe pero carente de luz."


Federico García Lorca

miércoles, 1 de febrero de 2012

La última noche

La vida es pura nostalgia
atrapada en la mirada.
La luna de espejos
desequilibra la noche,
y el llanto es un canto inmenso
a lo lejos.
La noche es una obra cubista
con mil puntos de fuga,
y las estrellas...
estrellas. Ilusiones
a la fuga.

Encierro constantemente mi alma
entre barrotes de palabras.
Y qué castigo tan eterno,
cielo apagado, telón caído;
qué castigo tan grande
el de la huida de la palabra
entre mil testigos
como verdugos.

Pero hoy, en este momento,
quisiera un suspiro de paz
en esta guerra continua;
una pequeña tregua
para volver a respirarnos
sin que el universo
nos respire primero.

Un pétalo blanco quiebra el labio,
y el baño de recuerdos
moja la espalda.
Y yo que sólo quería
una noche eterna,
una noche sin noche,
sin esperanza huida,
sin estrellas muertas.
No quiero nuestro reflejo
apagado en el cielo;
quiero mil pájaros de venas
revoloteando, sin mano ni prisión,
acariciando la nostalgia
de plumas escondidas en el borde.
Y un quebranto.
Un quebranto no tan desesperado,
si es que eso es posible, mundo divino,
mundo de arteria y ceniza
en el horizonte, casi fundido.
Porque tú sabes, tanto como yo,
que somos carne, hueso,
sangre y latido.
Somos sin ser, a lo lejos,
y nos apagamos bajo el suspirar
de una estela.



Te lo dedico con una dedicatoria en blanco. Sin firma, sin fecha y sin hora.
Simplemente para ti.

lunes, 30 de enero de 2012

Bona nit.

Carcomida como la esquina de un viejo hueso.
En el borde del vacío. Apagada.
La última chispa al final de la llama.
La gota resbalando en el extremo perdido del cielo.
La acción y su consecuencia inmediata.
El último tono del teléfono.
No responde.
La última vez, sólo una.
Y no
responde.
Otra de las veces que lo mandas todo a la mierda.
Otra de las veces que decides, falsamente,
que no volverás a hacerlo, pero lo haces.
Eso que dices que te da igual
pero te importa.
El sonido de la puerta
cerrando las respuestas.
El último pétalo, cayendo en un charco
en la víspera del otoño.
La felicidad que se escapa
compacta en una lágrima.
El recuerdo exacto en el que el llanto canta.
La fecha tachada en el calendario
que no has podido sacar de la arteria.
La astilla clavada en el glóbulo,
y el cuchillo seccionando la vista.
Las ganas contenidas en un vaso de orgullo;
la euforia y el silencio que la persigue.
El momento y su caída, poco antes de besar el suelo.
La letra tachada y la tinta en las manos
quemando la piel y borrando las huellas.
Las sonrisas esquivas en una prisión de pasiones.
El susurro del viento en una noche de finales de enero.
Todas aquellas cosas perdidas
en algún bolsillo, de esos
que no tenemos en la ropa.
Eso soy yo.
Un cúmulo de momentos mal ordenados,
con un principio frío como febrero
y un final que ya es pasado.



Bona nit.
("nada satisface tanto como el exceso")

sábado, 14 de enero de 2012

.

(La asfixia de las paredes es superior a la del cielo,
quizá porque las nubes son más ligeras que el cemento).

Yo me asfixio y me reencuentro como un viejo amigo,
arrastro el sabor amargo de la soledad y su sombra,
porque sólo soy una soñadora más de esas
que ha olvidado soñar y no recuerda una manera.
Presa en este sueño idílico, borro huellas,
robo recuerdos, escondo toda señal de existencia
que pueda haber existido más allá de mis ojos.

Yo escribo y me reencuentro como esos antiguos amigos
que evitan verse día a día, y no lo consiguen.
Escribo como escribe la voz formas en el viento,
escribo como escribe sueños el preso mientras lo persiguen,
escribo y me ahogo en la tinta que desangra cada una de mis palabras,
escribo el canto desgarrador de un pájaro asesinado;
te escribo a ti y nos escribo a ambos,
deseando que el llanto pese menos en tu pena.
Yo también estoy aquí. Existo,
o de eso intento convencerme cada día
mientras esquivo cada charco de lodo.
Yo también estoy aquí, y lloro
como lloran las hojas antes del último salto en otoño.

Perdida con señales a todas direcciones;
ningún camino es posible, o eso parece.
Pero sigo intentando volver al centro de la gravedad olvidada.
Sigo intentándolo.
Sigo.



Dedicado a una amiga del otro lado del océano, donde el horizonte no alcanza. Para que veas que sigo aquí después de todo.

martes, 3 de enero de 2012

.


Tengo el cristal de cien vasos rotos en los ojos, pero nunca llueven lágrimas cristalizadas. Quizá algún día. Quizá. Cuando la palabra rota sea la perfecta, volveré con tres lirios clavados en la espalda. Cuando esa palabra se rompa en el borde más imperfecto del labio, volveré. Sí.
Como siempre. Con tres lirios y el peor de los poemas.



Feliz año nuevo a todos/as.