lunes, 30 de enero de 2012

Bona nit.

Carcomida como la esquina de un viejo hueso.
En el borde del vacío. Apagada.
La última chispa al final de la llama.
La gota resbalando en el extremo perdido del cielo.
La acción y su consecuencia inmediata.
El último tono del teléfono.
No responde.
La última vez, sólo una.
Y no
responde.
Otra de las veces que lo mandas todo a la mierda.
Otra de las veces que decides, falsamente,
que no volverás a hacerlo, pero lo haces.
Eso que dices que te da igual
pero te importa.
El sonido de la puerta
cerrando las respuestas.
El último pétalo, cayendo en un charco
en la víspera del otoño.
La felicidad que se escapa
compacta en una lágrima.
El recuerdo exacto en el que el llanto canta.
La fecha tachada en el calendario
que no has podido sacar de la arteria.
La astilla clavada en el glóbulo,
y el cuchillo seccionando la vista.
Las ganas contenidas en un vaso de orgullo;
la euforia y el silencio que la persigue.
El momento y su caída, poco antes de besar el suelo.
La letra tachada y la tinta en las manos
quemando la piel y borrando las huellas.
Las sonrisas esquivas en una prisión de pasiones.
El susurro del viento en una noche de finales de enero.
Todas aquellas cosas perdidas
en algún bolsillo, de esos
que no tenemos en la ropa.
Eso soy yo.
Un cúmulo de momentos mal ordenados,
con un principio frío como febrero
y un final que ya es pasado.



Bona nit.
("nada satisface tanto como el exceso")

sábado, 14 de enero de 2012

.

(La asfixia de las paredes es superior a la del cielo,
quizá porque las nubes son más ligeras que el cemento).

Yo me asfixio y me reencuentro como un viejo amigo,
arrastro el sabor amargo de la soledad y su sombra,
porque sólo soy una soñadora más de esas
que ha olvidado soñar y no recuerda una manera.
Presa en este sueño idílico, borro huellas,
robo recuerdos, escondo toda señal de existencia
que pueda haber existido más allá de mis ojos.

Yo escribo y me reencuentro como esos antiguos amigos
que evitan verse día a día, y no lo consiguen.
Escribo como escribe la voz formas en el viento,
escribo como escribe sueños el preso mientras lo persiguen,
escribo y me ahogo en la tinta que desangra cada una de mis palabras,
escribo el canto desgarrador de un pájaro asesinado;
te escribo a ti y nos escribo a ambos,
deseando que el llanto pese menos en tu pena.
Yo también estoy aquí. Existo,
o de eso intento convencerme cada día
mientras esquivo cada charco de lodo.
Yo también estoy aquí, y lloro
como lloran las hojas antes del último salto en otoño.

Perdida con señales a todas direcciones;
ningún camino es posible, o eso parece.
Pero sigo intentando volver al centro de la gravedad olvidada.
Sigo intentándolo.
Sigo.



Dedicado a una amiga del otro lado del océano, donde el horizonte no alcanza. Para que veas que sigo aquí después de todo.

martes, 3 de enero de 2012

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Tengo el cristal de cien vasos rotos en los ojos, pero nunca llueven lágrimas cristalizadas. Quizá algún día. Quizá. Cuando la palabra rota sea la perfecta, volveré con tres lirios clavados en la espalda. Cuando esa palabra se rompa en el borde más imperfecto del labio, volveré. Sí.
Como siempre. Con tres lirios y el peor de los poemas.



Feliz año nuevo a todos/as.