jueves, 28 de febrero de 2013

Luctus, ubique pavor, et plurima noctis imago

No salgas del espejo,
compón una melodía en el silencio
y devuelve el ruido.
Cada tres años nace un niño muerto en mi espina,
como las nubes pariendo una tormenta,
como el sueño crucificado que despierta en el insomne.
La luz roja parpadea y el reloj calla.

Creo recordar lo que olvidé en el horizonte.
Quizá fue una mano de sal que nunca acaba,
quizá una llama en el sol; eternidad.
Pero recuerda si aún queda nostalgia en tu memoria:
cuando las arañas encuentren su sitio en mi costado
no salgas del espejo.
Todavía no.
Hay siete espejismos más que necesito
en la melodía para este niño raquítico de sueños.

Creemos que él escuchará como escucha
todo lo que no nace lejos de este folio.
Es por eso que dedicamos nuestra música viva a los muertos.



Y después de tanto tiempo (incluso mucho más del que me pensaba), volvemos a las andadas.
"Año nuevo, vida nueva". Parece ser que la vida que estaba reciclando durante este tiempo de ausencia ha llegado al fin de su propio ciclo... así que ya iba siendo hora de volver al ciclo que no acaba, al círculo abierto del que se sale para volver a entrar en cualquier otro punto.
A los que pasen por aquí, bienvenidos seáis. A los que nunca acabaron de irse, hola de nuevo (sabéis que siempre seréis bien recibidos en este desorden de sentimientos). Y a mí misma, bueno... welcome back home, honey!
De momento esto es solo un saludo, puesto que habrá que ir volviendo en pequeñas dosis. Para adelantar, puedo decir que aproximadamente en una semana daré a conocer un blog nuevo que no va a tener desperdicio. Eh, que va en serio... ¡los blogs colectivos nunca tienen desperdicio si se hacen con cariño! Además, dentro de poquito tiempo habrá algo nuevo que enseñar por aquí.
Nos vemos/leemos.

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