domingo, 30 de junio de 2013

He de beber de ti hasta que la noche se abra

Zdzislaw Beksinski

"No puedo hablar con mi voz sino con mis voces.

Sus ojos eran la entrada del templo, para mí, que soy errante, que amo y muero. Y hubiese cantado hasta hacerme una con la noche, hasta deshacerme desnuda en la entrada del tiempo.

Un canto que atravieso como un túnel.

Presencias inquietantes,
gestos de figuras que se aparecen vivientes por obra de un lenguaje que las alude,
signos que insinúan terrores insolubles.

Una vibración de los cimientos, un trepidar de los fundamentos, drenan y barrenan,
y he sabido dónde se aposenta aquello tan otro que es yo, que espera que me calle para tomar posesión de mí y drenar y barrenar los cimientos, los fundamentos,
aquello me es adverso desde mí, conspira, toma posesión de mi terreno baldío,

no, he de hacer algo,
no, no he de hacer nada,

algo en mi no se abandona a la cascada de cenizas que me arrasa dentro de mí con ella que es yo, conmigo que soy ella y que soy yo, indeciblemente distinta de ella.

En el silencio mismo (no en el mismo silencio) tragar noche, una noche inmensa inmersa en el sigilo de los pasos perdidos.

No puedo hablar para nada decir. Por eso nos perdemos, yo y el poema, en la tentativa inútil de trancribir relaciones ardientes.

¿A dónde la conduce esta escritura? A lo negro, a lo estéril, a lo fragmentado.

las muñecas desventradas por mis antiguas manos de muñeca, la desilusión al encontrar pura estopa (pura estepa tu memoria): el padre, que tuvo que ser Tiresias, flota en el río. Pero tú, ¿por qué te dejaste asesinar escuchando cuentos de álamos nevados?

Yo quería que mis dedos de muñeca penetraran en las teclas. Yo no quería rozar, como una araña, el teclado. Yo quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una patria. Pero la música se movía, se apresuraba. Solo cuando un refrán reincidía, alentaba en mi la esperanza de que se abasteciera algo parecido a una estación de trenes, quiero decir: un punto de partida firme y seguro; un lugar desde el cual partir, desde el lugar, hacia el lugar, en unión y fusión con el lugar. pero el refrán era demasiado breve, de modo que yo no podía fundar una estación pues no contaba más que con un tren salido de los rieles que se contorsionaba y se distorsionaba. Entonces abandoné la música y sus traiciones porque la música estaba más arriba o más abajo, pero no en el centro, en el lugar de la fusión y del encuentro. (Tú que fuiste mi única patria ¿en dónde buscarte? Tal vez en este poema que voy escribiendo).

Una noche en el circo recobré un lenguaje perdido en el momento que los jinetes con antorchas en la mano galopaban en ronda feroz sobre corceles negros. Ni en mis sueños de dicha existirá un coro de ángeles que suministre algo semejante a los sonidos calientes para mi corazón de los cascos contra las arenas.

(Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas).

(Es un hombre o una piedra o un árbol el que va a comenzar el canto…)

Y era un estremecimiento suavemente trepidante (lo digo para aleccionar a la que extravió en mí su musicalidad y trepida con más disonancia que un caballo azuzado por una antorcha en las arenas de un país extranjero).

Estaba abrazada al suelo, diciendo un nombre. Creí que me había muerto y que la muerte era decir un nombre sin cesar.

No es esto, tal vez, lo que quiero decir. Este decir y decirse no es grato. No puedo hablar con mi voz sino con mis voces. También este poema es posible que sea una trampa, un escenario más.

Cuando el barco alternó su ritmo y vaciló en el agua violenta, me erguí como la amazona que domina solamente con sus ojos azules al caballo que se encabrita (¿o fue con sus ojos azules?). El agua verde en mi cara, he de beber de ti hasta que la noche se abra. Nadie puede salvarme pues soy invisible aún para mí que me llamo con tu voz. ¿En dónde estoy? Estoy en un jardín.

Hay un jardín."

Alejandra Pizarnik

jueves, 27 de junio de 2013

27

ante las puertas del infierno
de rodillas hasta olvidar
el dolor y el color
agridulce
de la muerte

(la sangre hirviendo
quemará
el recuerdo)

dónde estarán
las dimensiones palpables
de este fondo sin final
dónde caeré
al final de mí
en mi interior
quizá donde el infierno y su juicio
pesan más
que la carne

(la sangre hirviendo
quemará la sangre
del recuerdo)

el silencio de los gritos
tiene
el mismo color de óxido
que la serpiente de venas
de este fondo
que cae
por dentro

cayendo hasta el final
pero al final de mí misma
no estoy yo

me quedaré
ante las puertas del infierno
donde la sangre traerá
la carne
y el recuerdo
en esta serpiente
de venas calientes
mordiendo un cuerpo
agridulce
silenciado
muerto

martes, 25 de junio de 2013

En la multiplicación geométrica de las vitrinas vacías


"[...] La nostalgia de lo no vivido,
mientras aquel prestigioso río arrastraba un sol moribundo
y sobre sus mejillas rodaban lágrimas aparentemente gratuitas.
No me quiero morir, susurraba mientras se corría
en la perspicaz oscuridad del dormitorio,
y yo no sabía qué decir,
en verdad no sabía qué decir
salvo acariciarla y sostenerla mientras se movía
arriba y abajo como la vida,
arriba y abajo como las poetas de Francia
inocentes y castigadas,
hasta que volvía al planeta Tierra
y de sus labios brotaban
pasajes de su adolescencia que de improviso llenaban nuestra habitación
con duplicados que lloraban en las escaleras automáticas del metro,
con duplicados que hacían el amor con dos tipos a la vez
mientras afuera caía la lluvia
sobre las bolsas de basura y sobre las pistolas abandonadas
en las bolsas de basura,
la lluvia que todo lo lava
menos la memoria y la razón.
Vestidos, chaquetas de cuero, botas italianas, lencería para volverse loco,
para volverla loca,
aparecían y desaparecían en nuestra habitación fosforescente y pulsátil,
y trazos rápidos de otras aventuras menos íntimas
fulguraban en sus ojos heridos como luciérnagas.
Un amor que no iba a durar mucho
pero que a la postre resultaría inolvidable.
Eso dijo,
sentada junto a la ventana,
su rostro suspendido en el tiempo,
sus labios: los labios de una estatua.
Un amor inolvidable
bajo la lluvia,
bajo ese cielo erizado de antenas en donde convivían
los artesonados del Siglo XVII
con las cagadas de palomas del Siglo XX.
Y en medio
toda la inextinguible capacidad de provocar dolor,
invicta a través de los años,
invicta a través de los amores
inolvidables.
Eso dijo, sí.
Un amor inolvidable
Y breve,
¿como un huracán?,
No, un amor breve como el suspiro de una cabeza guillotinada,
la cabeza de un rey o un conde bretón,
breve como la belleza,
la belleza absoluta,
la que contiene toda la grandeza y la miseria del mundo
y que sólo es visible para quienes aman."

Roberto Bolaño

jueves, 20 de junio de 2013

I've been insane

en esta noche
todo ha sido revelado
como una sucesión
irreflexiva
de poemas para los muertos

ahora
clava la aguja en mi párpado

ya siento el calor abrasador
en mi retina
atravesando poco a poco
mi falsa inconsciencia
con su cuchillo
alimentando mi pupila
de oscuridad ardiente

aquí acaba el homenaje degradante
de este himno de confusión
donde empieza el suicidio
y los espasmos post mórtem
de la noche
donde se desdibuja
el horizonte
para caer en las mareas

aquí
en la primera luna llena
eclipsada tras los párpados
todo acaba
para volver a empezar
y cerrar
el círculo
la sucesión
y la falsa inconsciencia
de la marea

miércoles, 19 de junio de 2013

Broken dreams

"The last stroke of midnight dies.
All day in the one chair
from dream to dream and rhyme to rhyme I have ranged
in rambling talk with an image of air:
vague memories, nothing but memories."

W. B. Yeats


ahora que lo he visto todo
las manos asfixiando las gargantas
aire y vómito en la misma necesidad
y la quemadura
de la piel anhelante de sangre nueva
sé que el sol no es suficiente

ahora que he visto
una parte de la herida
el músculo rasgado y el canto
nocturno del hueso
sé que este sol nunca será suficiente
para ti
para mí
y para estas manos quebradas
de luna y sueño en su rotura

miércoles, 12 de junio de 2013

Lovers

Zdzislaw Beksinski

"El riesgo siempre está en otra parte. El verdadero poeta es el que siempre está abandonándose. Nunca demasiado tiempo en un mismo lugar, como los guerrilleros, como los ovnis, como los ojos blancos de los prisioneros a cadena perpetua."

Roberto Bolaño


Pero aquí el abandono es el mejor hogar en el que esconderse, un hogar de parques, de casas, de universidades, de patios donde dejarse caer y donde poder ser en la caída; cualquier lugar es bueno para ese abandono de realidad. Y allí lo mejor que puedo ofrecerte son abrazos sin piel, abrazos de músculo y hueso, abrazos de latido.
Abrazos de ti y de mí. Nada más.

martes, 11 de junio de 2013

Prisión

ahora que ha vuelto a chirriar
el sonido de la locura
ya no sé quién soy
ni si este peso
que se arrastra hasta mis pies
es el mío
o el de otros

manos de serpiente
recorren mi espalda
las he escuchado llegar
sus cascabeles
son la advertencia final
de la demencia
su tacto en la piel
la niebla
el sueño
solo son un resquicio más
de enajenación
en el muro de mi cordura

pero yo
ya no soy
o quizá sea
en este sonido
que todos evitan

hay pequeños vacíos de lucidez
en las paredes de óxido
del recuerdo
allí
mi pasado inmediato
se debate con mi antiguo yo
en una guerra
de metal y humo
sin regreso

ida
y vuelta
ida
y vuelta
y toda la sangre
en el mismo punto
de la herida

vuelta
sin ida
venid

venid a mí
ahora que ha vuelto el sonido
venid
cuando la función de onda
colapse

enjaulad a la bestia
entre vuestros barrotes
de falsos ojos despiertos
encarcelad si podéis
la locura
del mundo

lunes, 10 de junio de 2013

Sonitu suopte tintinant aures, gemina teguntur lumina nocte


" [...] me arrebata todos los sentidos; pues apenas,
Lesbia, te he visto, se me apaga
la voz en la boca,

se me entorpece la lengua, por mis miembros
corre una sutil llama, con su sonido interior
zumban mis oídos, una doble noche
cubre mis ojos."

Gayo Valerio Catulo
(traducción de Mamen Aznar Salatti)

domingo, 9 de junio de 2013

Veinticinco años, pequeña


"«Aquí donde me ves, que parece que tengo todo, estoy solo, Menchu», que yo «pobre», otra vez, pero conmovida de veras, Mario, que esto es lo curioso, como si no supiera decir otra cosa, claro que no era yo ni Dios que lo fundó, hipnotizada o lo que quieras, segurísimo, imagínate, buena soy, y él, como enloquecido, empezó a abrazarme y a estrujarme por el suelo, y me decía, me decía, ¿sabes qué me decía?, después de todo, Mario, no es ninguna novedad, que al fin y al cabo, fue sincero, que otros lo piensan y no lo dicen, me decía, mira Elíseo San Juan, de siempre, y el mismo Evaristo, que a saber qué tienen mis pechos, yo qué le voy a hacer, y Paco cada vez más frenético, me decía, ¿sabes lo que me decía?, me decía, «veinticinco años soñando con estos pechos, pequeña», figúrate, que yo, como tonta, «pobre», esto te dará idea, que él como fuera de sí, que hasta me rompió la ropa y todo, Mario, pero yo no era yo, no hace falta que te lo diga, perdóname, nada de culpa, que le rechacé, te lo juro, le recordé a nuestros hijos, que ni sé de dónde me vinieron las fuerzas porque estaba completamente sin voluntad, hipnotizada, palabra, pero le mandé a paseo, que se debió quedar de un aire, te lo prometo, que me caiga muerta, que a saber tú con Encarna, en Madrid, perdona, Mario, perdóname, no quise decir eso, pero no pasó nada de nada, puedes estar tranquilo, te lo juro, que le recordé a nuestros hijos, o a lo mejor fue él, vete a saber, ya ni me acuerdo, pero para el caso es lo mismo, Mario, que me quitó la palabra de la boca, que ni hablar podía, estaba desquiciada, cariño, tienes que hacerte cargo, sólo quiero que me comprendas, ¿oyes?, porque aunque hubiese hecho algo malo no era yo, puedes estar seguro, que la persona que estaba allí no tenía nada que ver conmigo, sólo faltaría, pero no pasó nada, nada de nada, en absoluto, te lo juro por lo que más quieras, Mario, créeme, y si Paco no hubiera reaccionado hubiese reaccionado yo, ya me conoces, aunque estuviera convertida en una piltrafa, pero él, después de todo, tenía la culpa, a él le correspondía, que cuando se separó tenía unos ojos que daban miedo, echaban chispas, Mario, de loco, pero dijo, «somos dos locos, pequeña, discúlpame, no quiero perjudicarte», y se levantó, que yo avergonzada, sí, así fue, bien mirado, fue él, pero que fuera uno u otro es indiferente, cariño, lo importante es que no pasó nada, te lo prometo, sólo hubiera faltado, el respeto que te debo y nuestros hijos, pero, por favor, no te quedes ahí parado, ¿es que no me crees?, te lo he contado todo, Mario, cariño, de pe a pa, tal como fue, te lo juro, no me guardo nada, como si me estuviera confesando, palabra, Paco me besó y me abrazó, lo reconozco, pero de ahí no pasó, estaría bueno, te lo juro, y tienes que creerme, es mi última oportunidad, Mario, ¿no lo comprendes?, y si tú no me crees yo me vuelvo loca, te lo prometo, y si te quedas ahí parado es que no me crees, ¡Mario!, ¿es que no me estás escuchando?, atiende, por favor, nunca he sido más franca, te lo podría jurar, con nadie, figúrate, que te estoy hablando con el corazón en la mano, escucha, para mí el que me perdones es cuestión de vida o muerte, ¿te das cuenta?, no se trata de un capricho, Mario, mírame, anda, aunque sólo sea un momentín, por favor, no me vayas a confundir con mi hermana, me aterro sólo de pensarlo, te lo prometo, ya ves Julia, una cualquiera, no me digas, con un italiano, que no tiene perdón, en plena guerra, tú me dirás, como quien dice en frío, que al fin y al cabo, Galli, un desconocido, buena diferencia con Paco que perdería la cabeza y todo lo que quieras, pero, en resumidas cuentas, un caballero, Mario, «somos unos locos, pequeña; discúlpame», un detalle, que me quitó la palabra de la boca, te lo juro, Mario, te lo juro por lo que más quieras, que yo se lo iba a decir y eso que estaba como tonta, completamente hipnotizada, ni voluntad ni nada, un fardo, pero se lo iba a decir, palabra, y él, zas, se me adelantó, claro que lo importante, fuese uno u otro, es que no pasara nada, a ver si no, Mario, pero mírame un poco, di algo, no te quedes ahí parado, que parece como que no me creyeras, que te estuviera engañando o así, y no, Mario, cariño, que en la vida he sido más franca, te estoy diciendo toda la verdad, toda, enterita, te lo juro, no ocurrió nada más, pero mírame, di algo, anda, por favor, mira que eres, me estoy tirando por los suelos, más no puedo hacer, Mario, cariño, que al fin y al cabo, si a su tiempo me compras un Seiscientos, ni Tiburones ni Tiburonas, segurísimo, que con estas restricciones lo que hacéis es ponernos en el disparadero, a ver si no, que cualquiera te lo puede decir, pero perdóname, Mario, anda, te lo pido de rodillas, no hubo más, te doy mi palabra, yo sólo he sido para ti, te lo juro, te lo juro y te lo juro, por lo más sagrado, Mario, por lo que más quieras, por mamá, fíjate, que más no puedo hacer, pero mírame, un segundo aunque sólo sea, anda, hazme ese favor, ¡mírame!, ¿es que no me oyes? ¿cómo quieres que te lo diga? ¡Mario, que me muera si no es verdad!, no pasó nada, que Paco, a fin de cuentas, un caballero, claro que fue a dar conmigo, pero si yo tengo un Seiscientos, ni Paco ni Paca, te lo juro, Mario, te lo juro por Elviro y por José María, ¿qué más quieres?, en mejor plan no me puedo poner, Mario, que yo puedo llevar la cabeza bien alta, para que lo sepas, pero ¡escúchame, que te estoy hablando! ¡no te hagas el desentendido, Mario!, anda por favor, mírame, un momento, sólo un segundo, una décima de segundo aunque sólo sea, te lo suplico, ¡mírame!, que yo no he hecho nada malo, palabra, por amor de Dios, mírame un momento, aunque sólo sea un momentín, ¡anda!, dame ese gusto, qué te cuesta, te lo pido de rodillas si quieres, no tengo nada de qué avergonzarme, ¡te lo juro, Mario, te lo juro! ¡¡te lo juro, mírame!! ¡¡que me muera si no es verdad!!, pero no te encojas de hombros, por favor, mírame, de ¡mírame o me vuelvo local ¡¡Anda, por favor...!!"

Miguel Delibes
(soon)

sábado, 8 de junio de 2013

You sleep in clouds of fire

"Años después supe una historia que me hubiera gustado contarle a Bibiano, aunque por entonces ya no sabía a dónde escribirle. Es la historia de Petra y de alguna manera es a Soto lo que la historia del doble de Juan Stein es a nuestro Juan Stein. La historia de Petra la debería contar como un cuento: Érase una vez un niño pobre de Chile... El niño se llamaba Lorenzo, creo, no estoy seguro, y he olvidado su apellido, pero más de uno lo recordará, y le gustaba jugar y subirse a los árboles y a los postes de alta tensión. Un día se subió a uno de estos postes y recibió una descarga tan fuerte que perdió los dos brazos. Se los tuvieron que amputar casi hasta la altura de los hombros. Así que Lorenzo creció en Chile y sin brazos, lo que de por sí hacía su situación bastante desventajosa, pero encima creció en el Chile de Pinochet, lo que convertía cualquier situación desventajosa en desesperada, pero esto no era todo, pues pronto descubrió que era homosexual, lo que convertía la situación desesperada en inconcebible e inenarrable.
Con todos esos condicionantes no fue raro que Lorenzo se hiciera artista. (¿Qué otra cosa podía ser?) Pero es difícil ser artista en el Tercer Mundo si uno es pobre, no tiene brazos y encima es marica. Así que Lorenzo se dedicó por un tiempo a hacer otras cosas. Estudiaba y aprendía. Cantaba en las calles. Y se enamoraba, pues era un romántico impenitente. Sus desilusiones (para no hablar de humillaciones, desprecios, ninguneos) fueron terribles y un día —día marcado con piedra blanca- decidió suicidarse. Una tarde de verano particularmente triste, cuando el sol se ocultaba en el océano Pacífico, Lorenzo saltó al mar desde una roca usada exclusivamente por suicidas (y que no falta en cada trozo de litoral chileno que se precie). Se hundió como una piedra, con los ojos abiertos y vio el agua cada vez más negra y las burbujas que salían de sus labios y luego, con un movimiento de piernas involuntario, salió a flote. Las olas no le dejaron ver la playa, sólo las rocas y a lo lejos los mástiles de unas embarcaciones de recreo o de pesca. Después volvió a hundirse. Tampoco en esta ocasión cerró los ojos: movió la cabeza con calma (calma de anestesiado) y buscó con la mirada algo, lo que fuera, pero que fuera hermoso, para retenerlo en el instante final. Pero la negrura velaba cualquier objeto que bajara con él hacia las profundidades y nada vio. Su vida entonces, tal cual enseña la leyenda, desfiló por delante de sus ojos como una película. Algunos trozos eran en blanco y negro y otros a colores. El amor de su pobre madre, el orgullo de su pobre madre, las fatigas de su pobre madre abrazándolo por la noche cuando todo en las poblaciones pobres de Chile parece pender de un hilo (en blanco y negro), los temblores, las noches en que se orinaba en la cama, los hospitales, las miradas, el zoológico de las miradas (a colores), los amigos que comparten lo poco que tienen, la música que nos consuela, la marihuana, la belleza revelada en sitios inverosímiles (en blanco y negro), el amor perfecto y breve como un soneto de Góngora, la certeza fatal (pero rabiosa dentro de la fatalidad) de que sólo se vive una vez. Con repentino valor decidió que no iba a morir. Dice que dijo ahora o nunca y volvió a la superficie. El ascenso le pareció interminable; mantenerse a flote, casi insoportable, pero lo consiguió. Esa tarde aprendió a nadar sin brazos, como una anguila o como una serpiente. Matarse, dijo, en esta coyuntura sociopolítica, es absurdo y redundante. Mejor convertirse en poeta secreto.
A partir de entonces comenzó a pintar (con la boca y con los pies), comenzó a bailar, comenzó a escribir poemas y cartas de amor, comenzó a tocar instrumentos y a componer canciones (una foto nos lo muestra tocando el piano con los dedos de los pies; el artista mira a la cámara y sonríe), comenzó a ahorrar dinero para marcharse de Chile.
Le costó pero al final se pudo ir. La vida en Europa, por supuesto, no fue mucho más fácil. Durante un tiempo, años tal vez (aunque Lorenzo, más joven que yo y Bibiano y muchísimo más joven que Soto y Stein, salió de Chile cuando el alud del exilio había remitido), se ganó la vida como músico y bailarín callejero en ciudades de Holanda (que adoraba) y de Alemania y de Italia. Vivía en pensiones, en los sectores de la ciudad donde viven los emigrantes magrebíes o turcos o africanos, algunas temporadas felices en casas de amantes a los que terminaba abandonando o viceversa, y después de cada jornada de trabajo callejero, después de las copas en bares gay o de las sesiones ininterrumpidas en las cinematecas, Lorenzo (o Lorenza, como también le gustaba ser llamado) se encerraba en su cuarto y se dedicaba a pintar o a escribir. Durante muchos períodos de su vida vivió solo. Algunos se referían a él como la acróbata ermitaña. Los amigos le preguntaban cómo se limpiaba el culo después de hacer caca, cómo pagaba en la tienda de fruta, cómo guardaba el dinero, cómo cocinaba. Cómo, por Dios, podía vivir solo. Lorenzo contestaba a todas las preguntas y la respuesta, casi siempre, era el ingenio. Con ingenio uno o una se las apañaba para hacer de todo. Si Blaise Cendrars, por poner un ejemplo, con un solo brazo le podía ganar boxeando al más pintado, cómo no iba a ser él capaz de limpiarse —y muy bien- su culo después de cagar.
En Alemania, tierra curiosa pero que a menudo producía escalofríos, se compró unas prótesis. Parecían brazos de verdad y le gustaron más que nada por la sensación de ciencia-ficción, de robótica, de sentirse ciborg que tenía cuando caminaba con las prótesis puestas. Visto desde lejos, por ejemplo avanzando al encuentro de un amigo en un horizonte violeta, parecía que tenía brazos de verdad. Pero se los quitaba cuando trabajaba en la calle y a sus amantes, aquellos que no sabían que se trataba de prótesis, lo primero que les decía era que carecía de brazos. A algunos, incluso, les gustaba más así, sin brazos.
Poco antes de la magna Olimpiada de Barcelona, un actor o una actriz catalana o un grupo de actores catalanes de viaje por Alemania lo vieron actuar en la calle, tal vez en un teatro pequeño, y se lo contaron al encargado de buscar a alguien que encarnara a Petra, el personaje de Mariscal y mascota o tal vez más acertadamente emblema de las pruebas paraolímpicas que se hicieron inmediatamente después. Dicen que cuando Mariscal lo vio embutido en el traje de Petra, haciendo virguerías con las piernas como un bailarín esquizofrénico del Bolshoi, dijo: es la Petra de mis sueños. (Dicen que Mariscal es así de escueto.) Después, cuando hablaron, un Mariscal fascinado le ofreció a Lorenzo su estudio para que se viniera a Barcelona a pintar, a escribir, a lo que fuera. (Dicen que es así de generoso.) En realidad, Lorenzo o Lorenza no necesitaba el estudio de Mariscal para ser más feliz de lo que fue durante la celebración de los Juegos Paraolímpicos. Desde el primer día se convirtió en el favorito de la prensa, las entrevistas le llovían, parecía que Petra estaba eclipsando al mismísimo Coby. Por aquel entonces yo estaba internado en el Hospital Valle Hebrón de Barcelona con el hígado hecho polvo y me enteraba de sus triunfos, de sus chistes, de sus anécdotas, leyendo dos o tres periódicos diariamente. A veces, leyendo sus entrevistas, me daban ataques de risa. Otras veces me ponía a llorar. También lo vi en la televisión. Hacía muy bien su papel.
Tres años después supe que había muerto de sida. La persona que me lo dijo no sabía si en Alemania o en Sudamérica (no sabía que era chileno).
A veces, cuando pienso en Stein y en Soto no puedo evitar pensar también en Lorenzo.
A veces creo que Lorenzo fue mejor poeta que Stein y Soto. Pero usualmente cuando pienso en ellos los veo juntos."

Roberto Bolaño

viernes, 7 de junio de 2013

2:40 [y probar]

" [...] Pequeña mirada de nieve
ojos que no quiebran la apariencia
ojos
que se me parecen
cuando
yo digo
las manos."

Jorge Cáceres

miércoles, 5 de junio de 2013

Rodia

la libertad puede encontrarse
donde haya crimen
contra uno mismo

en calles serpenteantes
de San Petersburgo
en habitaciones cutres
baratas y desordenadas
de Raskolnikov
en toques de verde en lo azul
y poca cosa más

donde suene el crimen
puedes encontrarte
para recibir el castigo
pero el tuyo
tu crimen
nunca será
del todo tuyo

mi ya no tan amigo Svidrigáilov
quizá hoy sí
puedas beber de mi sangre
de la reflexión concentrada
en estas manos
tan tuyas
tan mías
tan de todos
y en el frío
de mi rutina poco ortodoxa
mi asesinato furtivo

mi ya no tan amigo
interior
tumulto
vorágine
me llaman Rodia
cuando cometo el crimen
contra todas las cosas

pero nadie
impone un castigo
si el crimen soy yo
y soy
contra mí mismo

martes, 4 de junio de 2013

Ni crudo ni cocido



"Como quien hurga en un brasero apagado.
Como quien remueve los carbones y recuerda.
La Tempestad de Shakespeare, pero una lluvia sin fin.
Como quien observa un brasero que exhala gases tóxicos
en una gran habitación vacía.
Aunque tal vez la grandeza de la habitación
resida en la edad del observador.
En todo caso: vacía, oscura, el suelo desigual,
con cortinas donde no deberían,
y muy pocos muebles.
Como quien mueve las brasas
y aspira a todo pulmón
el aire criminal de la infancia.
Como quien se acuclilla y piensa.
Como quien remueve el carbón
bajo La Tempestad de Shakespeare que golpea las calaminas.
Como el carbón que exhala gases.
Como las brasas deshojadas como una cebolla
bajo la batuta del detective latinoamericano.
Aunque tal vez todos estemos locos
y nunca haya habido un crimen.
Como quien camina de la mano
de un maníaco depresivo.
Escuchando a la lluvia batir
los bosques, los caminos.
Como quien respira junto al brasero
y su mente remueve las brasas
una a una.
Como quien se vuelve a mirar a alguien
por última vez
y no lo ve.
Como las brasas que arden
mientras Ariel y Calibán
sostienen la soledad del muro del oeste.
Acuclillados uno frente al otro.
Como quien busca su rostro
en el corazón de la cebolla.
Hurgando, hurgando
pese al frío y los gases:
un abrigo de fantasía.
Como quien remueve el brasero apagado
con la batuta de un detective
inexistente.
Y La tempestad de Shakespeare
no aminora en esta maldita isla.
Ah, como quien remueve las brasas
y aspira a todo pulmón."

Roberto Bolaño

domingo, 2 de junio de 2013

C'est le feu qui se relève avec son damné

"¿Conozco aún la naturaleza? ¿Me conozco? - Ni una palabra más. Entierro a los muertos en mi vientre. ¡Vengan gritos, tambores y danza, danza, danza! ¡No veo llegar la hora en que, al desembarcar los blancos, me hunda al fin en la nada!
¡Hambre, sed, gritos y danza, danza, danza, danza!

.   .   .   .   .   .   .   .

Me he tomado un soberbio trago de veneno. - ¡Sea tres veces bendito el consejo recibido! - Las entrañas me arden. La violencia de la ponzoña me obliga a retorcerme, me derriba, me deforma. Me muero de sed, me ahogo, no puedo gritar. ¡Esto es el infierno, el eterno castigo! ¡Mirad cómo se reaviva el fuego! Ardo, como Dios manda. ¡Venga, demonio!
Había vislumbrado la conversión al bien y a la dicha, la salvación. ¡Cómo describir esta visión, si el aire del infierno no admite himnos! Millones de criaturas encantadoras, un suave concierto espiritual, la fuerza y la paz, las nobles ambiciones, ¡qué se yo!
¡Las nobles ambiciones!
¡Y aún persiste la vida! - ¡Pero si la condenación es eterna! Un hombre que quiere mutilarse está de sobra condenado, ¿no? Yo me creo en el infierno, luego estoy en él. Es el catecismo llevado a la práctica. Soy esclavo de mi bautismo. ¡Pobre inocente! - El infierno no puede afectar a los paganos. - ¡Y la vida persiste! Luego, las delicias de la condenación serán más profundas. Un crimen, aprisa, para que la ley de los hombres me hunda en la nada.
¡Pero cállate, cállate ya!... Aquí no hay más que vergüenza y reproche: Satanás diciendo que el fuego es innoble, que la cólera es espantosamente tonta -¡Ya basta!... Errores que alguien me murmura, magias, perfumes falsos, melodías pueriles.

[...]

Me muero de cansancio. Estoy en la tumba, desaparezco entre gusanos, ¡horror de los horrores! Satanás, farsante, quieres disolverme con tus encantos. Reclamo, ¡exijo!, un golpe de horquilla, una gota de fuego.
¡Ascender nuevamente a la vida! Escrutar nuestras deformidades. ¡Y ese veneno, ese beso mil veces maldito! Mi debilidad, ¡la crueldad del mundo! Dios mío, ten piedad, ocúltame, ¡me estoy comportando francamente mal! - Estoy y no estoy oculto.
El fuego se reaviva con su condenado."

Arthur Rimbaud