jueves, 21 de enero de 2016

23.58

no puedes verme donde me escondo
porque tus labios no pueden ver el aire
en el aire

lo reconozco:
he dejado de ser yo
para serlo en otra parte,
en un lugar donde la luz, siempre una,
no lame cada borde de ti
en el centro siempre en pálpito
de mi sangre,
donde todo es tan sencillo como el morir
o como mis propias palabras que no son
- por haber nacido y no, por
su muerte diluida en mi latir-
describiéndote lo que nunca fui,
lo que no vimos ni hemos sido,
todo aquello que se posa en mí
como un extraño pétalo de recuerdos
ramificado todo él
en los límites de mi cuerpo

y aunque ya no soy yo, tú retienes en tus manos
mi calor en ellas, incluso cuando ya no hay piel
para la caricia
y yo te respiro así, del mismo modo
en que besas mi tacto que ya no es;
te respiro y tu sol arde en mi lengua
aunque no estés o aunque no seas
aunque tampoco sean para tus manos ya
la inconsistencia de mi piel,
mi voz y su transparencia

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