[I tie the knots to remember in my heart]
jueves, 16 de junio de 2016
lunes, 13 de junio de 2016
7.09 [del miedo]
A tientas, sin reconocer los espacios, terminé sentada en algún punto indefinido del suelo de aquella casa; próxima a la muerte la oscuridad absoluta de la noche. Acaso pudiera yo beberla cuando ella, saciada de mí, me lanzó al vacío.
Útero nocturno y su imposibilitado nacerme. Pensamientos agolpados en la garganta, no palabras. Volver al origen y reconocer en él la incertidumbre de la aún no parida mañana.
¿Quizá?
Volvió la luz y, con ella, sobrevivida yo a la muerte. "No me arrebates de nuevo", le dije conociendo la respuesta. "No me arrebates".
Útero nocturno y su imposibilitado nacerme. Pensamientos agolpados en la garganta, no palabras. Volver al origen y reconocer en él la incertidumbre de la aún no parida mañana.
¿Quizá?
Volvió la luz y, con ella, sobrevivida yo a la muerte. "No me arrebates de nuevo", le dije conociendo la respuesta. "No me arrebates".
domingo, 12 de junio de 2016
sábado, 11 de junio de 2016
1.54
A lo largo de un instante quizá demasiado largo olvidé mi rostro y me desnací; despojamiento absoluto de mi ya no mía materia. Volvería a mí después, desvestida, vuelta hacia mi propio origen. Era cierto: "cuanto más te alejas, más me acercas a mí mismo".
Dentro de mí os vi de nuevo. Dentro, tan dentro que fuera; os veo, os siento ahora en vuestros labios que son los míos, en vuestros ojos que reflejan lo que los propios pudieran acaso adivinar. Un café, noches de sábado fumando en la cocina, brazos que abarcan años en su eterno cobijo; palabras inmaculadas, no memoria. Os veo, al fin, en el mismo punto en que vosotros no dejasteis jamás de verme.
Percibo la frescura infinita de vuestra piel desde mis orillas. Allí, vuestras risas desnudan mi rostro.
viernes, 10 de junio de 2016
Sé tú mi límite
"Tu cuerpo puede
llenar mi vida,
como puede tu risa
volar el muro opaco de la tristeza.
Una sola palabra tuya quiebra
la ciega soledad en mil pedazos.
Si tú acercas tu boca inagotable
hasta la mía, bebo
sin cesar la raíz de mi propia existencia.
Pero tú ignoras cuánto
la cercanía de tu cuerpo
me hace vivir o cuánto
su distancia me aleja de mí mismo
me reduce a la sombra.
Tú estás, ligera y encendida,
como una antorcha ardiente
en la mitad del mundo.
No te alejes jamás:
Los hondos movimientos
de tu naturaleza son
mi sola ley.
Retenme.
Sé tú mi límite.
Y yo la imagen
de mí feliz, que tú me has dado."
José Ángel Valente
jueves, 9 de junio de 2016
miércoles, 8 de junio de 2016
Lepidòpters
"Només t'he conegut de perfil,
tal com et va col·locar la mort
l'últim diumenge del mes de maig.
També de perfil era més senzill
caçar les papallones de la pineda:
després els dits quedaven
empolsimats amb escates
càlides y cendroses.
I tu deies si l'agafes així
no tornarà a volar.
I jo mirava aquella purpurina
quasi mineral
adherida a la paciència
dels dits
i no entenia la paradoxa
del tacte,
que a penes toca un ésser
el destrueix."
Gemma Gorga
tal com et va col·locar la mort
l'últim diumenge del mes de maig.
També de perfil era més senzill
caçar les papallones de la pineda:
després els dits quedaven
empolsimats amb escates
càlides y cendroses.
I tu deies si l'agafes així
no tornarà a volar.
I jo mirava aquella purpurina
quasi mineral
adherida a la paciència
dels dits
i no entenia la paradoxa
del tacte,
que a penes toca un ésser
el destrueix."
Gemma Gorga
martes, 7 de junio de 2016
Lázaro (II)
Me induje mi propia muerte.
Quería la nada, pero la nada
solo sostendría al pájaro;
quería el centro
y en él la piedra
ya;
el deslizarse fue acaso
un brazo en el agua
y el fondo, un espejo en el que no
reconocerse
aún, palabra
en la que no habitaría ya más nunca
o de la que llevar deshabitada demasiado tiempo.
No había suficiente graduación en la mirada para entender más allá
de la palabra muerte; qué ver
allí
sino a ti de ti arrancado.
Verse cuando no se es, quizá
a través solo
de la aún no muerte
del ojo ajeno, desde el tacto de las retinas,
sus dedos
sobre la lengua más honda de la conciencia: "creo
que esto soy yo", "recuerdo
que podría ser yo, pero
cómo serme fuera ya".
Fuera.
Aun así me llamaban.
Me llamaban desde el nombre cuando su cáscara
solo recubría la adiposa cáscara de mi piel;
incluso hasta la verticalidad de la carne hundida en metales
llegaban sus voces.
Nadie quería nacerme en sí,
pero me llamaban. Grité.
"Madre", dije, rompiéndose ella
y mi voz al pasar entre las espinas de la garganta.
"Madre", grité de nuevo,
y madre y palabra que la contenían
desaparecieron.
Siempre lo supe. Sabía que la respuesta
era el silencio.
Y pese a ello
Quería la nada, pero la nada
solo sostendría al pájaro;
quería el centro
y en él la piedra
ya;
el deslizarse fue acaso
un brazo en el agua
y el fondo, un espejo en el que no
reconocerse
aún, palabra
en la que no habitaría ya más nunca
o de la que llevar deshabitada demasiado tiempo.
No había suficiente graduación en la mirada para entender más allá
de la palabra muerte; qué ver
allí
sino a ti de ti arrancado.
Verse cuando no se es, quizá
a través solo
de la aún no muerte
del ojo ajeno, desde el tacto de las retinas,
sus dedos
sobre la lengua más honda de la conciencia: "creo
que esto soy yo", "recuerdo
que podría ser yo, pero
cómo serme fuera ya".
Fuera.
Aun así me llamaban.
Me llamaban desde el nombre cuando su cáscara
solo recubría la adiposa cáscara de mi piel;
incluso hasta la verticalidad de la carne hundida en metales
llegaban sus voces.
Nadie quería nacerme en sí,
pero me llamaban. Grité.
"Madre", dije, rompiéndose ella
y mi voz al pasar entre las espinas de la garganta.
"Madre", grité de nuevo,
y madre y palabra que la contenían
desaparecieron.
Siempre lo supe. Sabía que la respuesta
era el silencio.
Y pese a ello
domingo, 5 de junio de 2016
Nocturno del hueco
"Para ver que todo se ha ido,
para ver los huecos y los vestidos,
¡dame tu guante de luna,
tu otro guante perdido en la hierba,
amor mío!
Puede el aire arrancar los caracoles
muertos sobre el pulmón del elefante
y soplar los gusanos ateridos
de las yemas de luz o las manzanas.
Los rostros bogan impasibles
bajo el diminuto griterío de las yerbas
y en el rincón está el pechito de la rana
turbio de corazón y mandolina.
En la gran plaza desierta
mugía la bovina cabeza recién cortada
y eran duro cristal definitivo
las formas que buscaban el giro de la sierpe.
Para ver que todo se ha ido
dame tu mudo hueco, ¡amor mío!
Nostalgia de academia y cielo triste.
¡Para ver que todo se ha ido!
Dentro de ti, amor mío, por tu carne,
¡qué silencio de trenes bocarriba!
¡cuánto brazo de momia florecido!
¡qué cielo sin salida, amor, qué cielo!
Es la piedra en el agua y es la voz en la brisa
bordes de amor que escapan de su tronco sangrante.
Basta tocar el pulso de nuestro amor presente
para que broten flores sobre los otros niños.
Para ver que todo se ha ido.
Para ver los huecos de nubes y ríos.
Dame tus manos de laurel, amor.
¡Para ver que todo se ha ido!
Ruedan los huecos puros, por mí, por ti, en el alba
conservando las huellas de las ramas de sangre
y algún perfil de yeso tranquilo que dibuja
instantáneo dolor de luna apuntillada.
Mira formas concretas que buscan su vacío.
Perros equivocados y manzanas mordidas.
Mira el ansia, la angustia de un triste mundo fósil
que no encuentra el acento de su primer sollozo.
Cuando busco en la cama los rumores del hilo
has venido, amor mío, a cubrir mi tejado.
El hueco de una hormiga puede llenar el aire,
pero tú vas gimiendo sin norte por mis ojos.
No, por mis ojos no, que ahora me enseñas
cuatro ríos ceñidos en tu brazo,
en la dura barraca donde la luna prisionera
devora a un marinero delante de los niños.
Para ver que todo se ha ido
¡amor inexpugnable, amor huido!
No, no me des tu hueco,
¡que ya va por el aire el mío!
¡Ay de ti, ay de mí, de la brisa!
Para ver que todo se ha ido."
Federico García Lorca
para ver los huecos y los vestidos,
¡dame tu guante de luna,
tu otro guante perdido en la hierba,
amor mío!
Puede el aire arrancar los caracoles
muertos sobre el pulmón del elefante
y soplar los gusanos ateridos
de las yemas de luz o las manzanas.
Los rostros bogan impasibles
bajo el diminuto griterío de las yerbas
y en el rincón está el pechito de la rana
turbio de corazón y mandolina.
En la gran plaza desierta
mugía la bovina cabeza recién cortada
y eran duro cristal definitivo
las formas que buscaban el giro de la sierpe.
Para ver que todo se ha ido
dame tu mudo hueco, ¡amor mío!
Nostalgia de academia y cielo triste.
¡Para ver que todo se ha ido!
Dentro de ti, amor mío, por tu carne,
¡qué silencio de trenes bocarriba!
¡cuánto brazo de momia florecido!
¡qué cielo sin salida, amor, qué cielo!
Es la piedra en el agua y es la voz en la brisa
bordes de amor que escapan de su tronco sangrante.
Basta tocar el pulso de nuestro amor presente
para que broten flores sobre los otros niños.
Para ver que todo se ha ido.
Para ver los huecos de nubes y ríos.
Dame tus manos de laurel, amor.
¡Para ver que todo se ha ido!
Ruedan los huecos puros, por mí, por ti, en el alba
conservando las huellas de las ramas de sangre
y algún perfil de yeso tranquilo que dibuja
instantáneo dolor de luna apuntillada.
Mira formas concretas que buscan su vacío.
Perros equivocados y manzanas mordidas.
Mira el ansia, la angustia de un triste mundo fósil
que no encuentra el acento de su primer sollozo.
Cuando busco en la cama los rumores del hilo
has venido, amor mío, a cubrir mi tejado.
El hueco de una hormiga puede llenar el aire,
pero tú vas gimiendo sin norte por mis ojos.
No, por mis ojos no, que ahora me enseñas
cuatro ríos ceñidos en tu brazo,
en la dura barraca donde la luna prisionera
devora a un marinero delante de los niños.
Para ver que todo se ha ido
¡amor inexpugnable, amor huido!
No, no me des tu hueco,
¡que ya va por el aire el mío!
¡Ay de ti, ay de mí, de la brisa!
Para ver que todo se ha ido."
Federico García Lorca
sábado, 4 de junio de 2016
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