miércoles, 1 de febrero de 2012

La última noche

La vida es pura nostalgia
atrapada en la mirada.
La luna de espejos
desequilibra la noche,
y el llanto es un canto inmenso
a lo lejos.
La noche es una obra cubista
con mil puntos de fuga,
y las estrellas...
estrellas. Ilusiones
a la fuga.

Encierro constantemente mi alma
entre barrotes de palabras.
Y qué castigo tan eterno,
cielo apagado, telón caído;
qué castigo tan grande
el de la huida de la palabra
entre mil testigos
como verdugos.

Pero hoy, en este momento,
quisiera un suspiro de paz
en esta guerra continua;
una pequeña tregua
para volver a respirarnos
sin que el universo
nos respire primero.

Un pétalo blanco quiebra el labio,
y el baño de recuerdos
moja la espalda.
Y yo que sólo quería
una noche eterna,
una noche sin noche,
sin esperanza huida,
sin estrellas muertas.
No quiero nuestro reflejo
apagado en el cielo;
quiero mil pájaros de venas
revoloteando, sin mano ni prisión,
acariciando la nostalgia
de plumas escondidas en el borde.
Y un quebranto.
Un quebranto no tan desesperado,
si es que eso es posible, mundo divino,
mundo de arteria y ceniza
en el horizonte, casi fundido.
Porque tú sabes, tanto como yo,
que somos carne, hueso,
sangre y latido.
Somos sin ser, a lo lejos,
y nos apagamos bajo el suspirar
de una estela.



Te lo dedico con una dedicatoria en blanco. Sin firma, sin fecha y sin hora.
Simplemente para ti.

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