Tu mente estaba empañada como un gran cristal. Hablabas y dejabas fluir la conversación sin tener muy claro que realmente lo estabas haciendo. Todo era como un sueño extraño y abstracto, como una realidad que no existía más allá de tu imaginación.
Pero estabas allí. Como siempre, después de tanto tiempo.
Sentías tu corazón, como un fuerte tambor que aumentaba su sonido con cada palabra. Cada vez más y más fuerte.
Temías que tu pecho se llegara a romper.
Entre tanto rítmico golpe, sus ojos de café te miraban, sonrientes como sus propios labios. Es curioso, no sientes amor ni nada que se le asemeje hacia esa mirada, pero verla es algo que siempre te ha provocado una gran inquietud (mezclada con un profundo agradecimiento).
Entonces un sonido ajeno al del diálogo alzó su volumen, siendo lo único que podías escuchar.
Algo se quebraba. Algo en ti se estaba rompiendo.
Y es que el tiempo hace estragos en las personas. Tu cariño por esos ojos sigue intacto y duerme tranquilo en tu costado izquierdo. Aún así, no sabes qué eres ahora para esa persona.
Te quedaste mirando sin hablar. Su mirada te hacía mil preguntas que no llegaban a nacer de su boca, y tú no eras capaz de responder. Te quedaste en blanco, como un muro que se alzaba y del cual no se podía ver el final.
Algo en tu interior gritaba con fuerza. Querías decir un “te echo de menos”, un “no te he olvidado” y podrías haber implorado durante cien años que no te olvidara a ti tampoco.
Pero las personas somos idiotas. Planeamos tanto las cosas, que cuando no salen como esperamos, nos perdemos.
Y tú te habías perdido.
Sólo querías saber si se acordaba de ti. Pero se cerraron todas las puertas, resguardando con su metal aquella respuesta a una pregunta no realizada.
miércoles, 9 de febrero de 2011
martes, 8 de febrero de 2011
Hoy
La ventana está abierta
y todo está azul tras ella.
Los pájaros regresan ya,
cansados del invierno.
Hoy tienen ganas de vivir.
Hoy tengo ganas de vivir.
La ventana sigue abierta
y una blanca nube se cuela
por el cristal que la refleja.
Hoy todo tiene un “algo”
especial, como la propia vida.
La ventana está cerrada
y la noche sobre los campos
con suavidad se derrama.
Hoy quiero abrir esa ventana.
Hoy tengo ganas de vivir.
Hoy y cada día, por supuesto. La cuestión es que hoy hace 17 años empecé a vivir. Felicidades a mi madre, y felicidades a mí misma.
y todo está azul tras ella.
Los pájaros regresan ya,
cansados del invierno.
Hoy tienen ganas de vivir.
Hoy tengo ganas de vivir.
La ventana sigue abierta
y una blanca nube se cuela
por el cristal que la refleja.
Hoy todo tiene un “algo”
especial, como la propia vida.
La ventana está cerrada
y la noche sobre los campos
con suavidad se derrama.
Hoy quiero abrir esa ventana.
Hoy tengo ganas de vivir.
Hoy y cada día, por supuesto. La cuestión es que hoy hace 17 años empecé a vivir. Felicidades a mi madre, y felicidades a mí misma.
domingo, 6 de febrero de 2011
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"Quizá nunca hemos sabido lo que es la poesía"
Salvador Espriu
Tratemos pues de descubrirlo a base de versos.
sábado, 5 de febrero de 2011
viernes, 4 de febrero de 2011
El robo.
A veces sentimos una soledad, un desmoronamiento, un desgarro interior tan fuerte, que parece que alguien nos haya rajado el pecho de arriba a abajo para acabar extrayendo nuestro corazón.
Y permanecemos así, con el pecho descosido, vulnerables a todo lo que nos rodea. Los daños menores se convierten en dolores descomunales, las suaves brisas desempeñan tremendos vendavales que arrasan con todo lo que se interpone en nuestro camino.
Y nuestro pecho sigue así. Sin sangre, sin cicatrices. Pero abierto de par en par como una vieja ventana.
Entonces, todo el mundo quiere asomarse por ese ventanal. Aunque para ellos no seas más que un cuerpo con un gran vacío en el pecho. Aunque no seas más que un puñado de nada, todos quieren contemplar aquello que se encuentra roto tras tus cristales.
Pero para su sorpresa, no hay nada.
Ya no hay nada.
Y permanecemos así, con el pecho descosido, vulnerables a todo lo que nos rodea. Los daños menores se convierten en dolores descomunales, las suaves brisas desempeñan tremendos vendavales que arrasan con todo lo que se interpone en nuestro camino.
Y nuestro pecho sigue así. Sin sangre, sin cicatrices. Pero abierto de par en par como una vieja ventana.
Entonces, todo el mundo quiere asomarse por ese ventanal. Aunque para ellos no seas más que un cuerpo con un gran vacío en el pecho. Aunque no seas más que un puñado de nada, todos quieren contemplar aquello que se encuentra roto tras tus cristales.
Pero para su sorpresa, no hay nada.
Ya no hay nada.
jueves, 3 de febrero de 2011
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Este mundo es el camino
para el otro, qu'es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar;
partimos cuando nascemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que feneçemos;
assí que cuando morimos,
descansamos.
Jorge Manrique
Tengo 16 años hasta el martes que viene.
Recuerdo que hace casi diez años, el día 7 de febrero (la noche anterior a mi cumpleaños), decidí que no iba a cumplir los siete. Fue una decisión rotunda que tomé sentada en la cama de mi madre, entre lágrimas. La verdad es que no recuerdo por qué me negaba a cumplirlos, pero sí que tengo presente un profundo sentimiento de asfixia, de ahogamiento en un vaso de agua.
Decidí que no quería hundirme en ese vaso llamado “tiempo”.
Pero, lógicamente, ese día llegó. Y con todo el dolor del que disponía, cumplí los siete años.
Pensar en todo aquello me ha robado una gran sonrisa esta mañana. Quería evitar el paso del tiempo con todas mis fuerzas, y ya hace casi diez años de aquello. Entonces era demasiado pequeña como para entender que aquella agua contra la que luchaba contaba con una fuerza que no podía combatir.
Tengo 16 años hasta el martes que viene.
Hoy me he sentado en la cama de mi madre, y he echado la vista atrás. Quiero vivir, disfrutar, cometer cientos de errores y aprender de ellos. Quiero sentirlo todo intensamente, y quiero también escribirlo con la misma o con mayor intensidad. Hoy por hoy quiero beber el agua de ese vaso, sin prisa pero sin pausa. Sin ahogarme, sin que nada pueda sobrepasarme.
Sé que ese vaso del que bebo algún día se acabará y ya no tendré más agua para beber, pero hasta que ese día llegue, saciaré mi más profunda y vital sed.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Al mal cuidador
Entre grandes sueños llenan las quejas
tu horma, de fugacidad lisonjera.
Y tu mente, por querer ser primera
ya resta encerrada entre pobres rejas.
Cayéronse de tu casa las tejas
por tan poco cuidadas, y así fuera,
siendo estas sangre y cárcel verdadera,
cayeron por descuido y no por viejas.
Camina ora con cautela, hombre sabio,
que no es cierto todo cuanto se toca
ni es cierto el daño enorme de tu agravio;
la verdad que en gran dolor desemboca
se piensa aunque no sale por el labio,
pues no todo se muerde con la boca.
.
La escritura apareció en mi vida como un rayo de luz en un día nublado. No recuerdo exactamente cómo fue, aunque admito que ese brillo ha formado parte de mi vida desde entonces, y sigue aquí en el día de hoy.
Al escribir, me he dejado llevar como si otra persona escribiera por mí. Al principio no era algo fluido, pero poco a poco el bolígrafo se convirtió en una extensión más de mi cuerpo (la cual, en ocasiones, parecía incluso independiente). Sin saberlo (y sin apenas darme cuenta), esa “extensión” me permitió sacar a flote cosas que no podía entender, cosas que me torturaban y me arañaban el pecho pretendiendo salir de éste con fuerza. Gracias a ello, he descubierto grandes pasiones que dormían en mi interior y esperaban ser despertadas, al igual que pensamientos abstractos que, poco a poco, han ido tomando forma.
Escribir me ha ayudado a conocerme. Y también me ha ayudado a conocer a gente magnífica.
Gente con la que he podido intercambiar versos, opiniones y sinceros momentos de reflexión. Personas con la sensibilidad tan a flor de piel, que las hojas donde se derraman quedan perfumadas con sus profundos sentimientos. Almas espléndidas que me han abierto el corazón y que han reservado un rinconcito para mis jóvenes pero firmes palabras.
A esas personas conocidas, gracias. Y a las que quedan por conocer... bienvenidas seáis.
Espero que la escritura siga despejándonos este nebuloso camino.
martes, 1 de febrero de 2011
Collige, virgo, rosas.
"Coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre."
Garcilaso de la Vega
Una tristeza infinita se derrama en tus ojos,
y el corazón abierto deja salir todo el dolor
que empañaba tu mirada.
Sé muy bien que dejaron de brillar tus ilusiones,
y que no suenan pianos ni violines en tu horror
ya difundido en el alba.
Pero allí, donde tu alma cree que todo está perdido,
¿no lo oyes? Te llama a gritos una nueva esperanza
esperando una respuesta.
No enmudezcas tan pronto, dulce y viva primavera,
aferra verdes tus hojas a todas esas ramas,
encuentra en ríos tu calma.
Cubre en la noche tu extraño temor con el rocío.
Eres joven para sufrir, pero no para dudar
sobre aquello que se acerca.
Con el tiempo entenderás que todo aquel nuevo temor
eran obstáculos por superar. Ahora, vive.
Y “collige, virgo, rosas”.
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