viernes, 4 de diciembre de 2015

20.32

cómo se incendiaba el amanecer
bajo la redondez del sueño;
cómo los pájaros de las manos,
siempre incendiados, siempre
amaneciendo,
abrieron la sangre de un cuerpo
en inmenso latido

allí, los cuerpos
de los que no supe la medida, en los que
la harmonía del rostro vislumbraba el eje,
borde de la sed, esquina sin ángulo
sobre los que la noche encontraba su centro,
los cuerpos

allí,
las carnes abiertas en flor
y los pétalos de las venas
regando de sangre la noche
para hacerla una sola, para
incendiar el amanecer en los bordes
de un corazón abierto
pero no lo suficiente,
nunca;
no lo suficiente
para darlo todo en su apertura
para darlo todo
por mí
       por ello
ten todo mi oxígeno
y que las llamas comiencen

allí,
en los cuerpos

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