jueves, 30 de junio de 2016

Lejos

Qué terror fundirse en tu boca y en el solo latir
de las venas.
Qué cuchillo para mi sangre
el filo de tus labios, abertura de flor
deshojando las lenguas
de la noche. Aún un paso
para abrirme la carne, aún
el centímetro de la rosa sangrándose
en las manos.
Todavía.
Nos recojo y bebo, y soy bebida. Hacer la forma
en la forma de las manos; el deseo entre ellas, múltiples rostros. Qué más
más allá.

Danza sonámbula de los cuerpos, sedientos
en el mar inmenso de un deseo inalcanzable;
dos animales
sin nombre. Tantos rostros, aún.
Y tus ojos derretidos en mi iris,
gris, luz sin presencia, azul, manos
arrancando las pieles
(blanco
sobre negro), tu centro un instante
yo misma, confundidas
en el golpe sordo de la cintura.
Sedientas en las aguas oscuras, pudiendo beber
pero nunca suficiente. Al alcance siempre
de la lengua, y nunca tú, en ningún momento
yo tampoco; las aguas. Dejarse.

Más allá de mí qué hay ahora,
más allá, animal,
agua sin abrazo de orillas, qué más
sino tú
o la ausencia de los nombres.

miércoles, 22 de junio de 2016

4.14



encontrando la lentitud del olor del verano
entras en ella, y me desnudas
con la prisa hecha un nudo en la garganta, con palabras
incapaces que se amputan a sí mismas, con
el delicado cuchillo
del deseo
afilándose en la sed de las pieles
               - entras en ella, y me pronuncias
lenta como una tarde de verano
que habito ya
desde ti

mírame. ábreme en la palabra
donde pueda ser, donde
el silencio enmudezca, colmado de voces:
haz que sea
               y para serme te llenas la mirada de mí, de ti, de la imperfección
de la piel y su invisible lámina
de recuerdo, llenas
todos los ojos de tu cuerpo
de las ramificaciones de mi voz que bebes
hasta la extenuación, hasta pronunciarte
en mí,
que existo porque tú me esperas
y ahora que tus dedos cierran mis ojos, las palabras,
y allí quedan
               ahora
veo y hablo desde tus manos,
que me construyen, que me desnudan
con la lentísima prisa
del olor del verano

martes, 21 de junio de 2016

De las pequeñas cosas

Dibujaba círculos sobre tu espalda desnuda. La luz, abierta en tu piel, engendraba sombras entre mis dedos y tu cuerpo. Tu pelo derramándose por tu cuello, las sábanas; tan poco se necesita. Tan sumamente poco.
"El tacto revela los nombres de todas las cosas", te dije una vez. Y a través de ti, de lo que tiento tan tuyo, mi nombre fue revelado. Lo pronunciaste con la única voz entre todas las voces y deveniste tu propio canto, realidad absoluta de la materia que te constituye. Silencio, después. Blanquísimo silencio donde solo tus ojos, amor, tus ojos solo en el cristal sonoro de la tarde.
Se enredaron venas, manos, bocas en el retrocederse hacia el origen. Aún silencio, Esposa, silencio blanquísimo donde habitarnos hasta perder los nombres que solo nuestras voces, prolongadas en el tacto, podrán recuperarnos.

lunes, 20 de junio de 2016

Noche oscura del alma

"En una noche escura
con ansias en amores inflamada
¡o dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

Ascuras y segura
por la secreta escala, disfraçada,
¡o dichosa ventura!
a escuras y en celada
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa
en secreto que nadie me veýa
ni yo mirava cosa
sin otra luz y guía
sino la que en el coraçón ardía.

Aquésta me guiava
más cierto que la luz de mediodía
adonde me esperava
quien yo bien me savía
en parte donde nadie parecía.

¡O noche, que guiaste!
¡O noche amable más que la alborada!
¡O noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba
allí quedó dormido
y yo le regalaba
y el ventalle de cedros ayre daba.

El ayre de la almena
cuando yo sus cavellos esparcía
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olbidéme
el rostro recliné sobre el amado;
cessó todo, y dexéme
dexando mi cuydado
entre las açucenas olbidado."

San Juan de la Cruz

domingo, 19 de junio de 2016

E.

sumergirse a lo hondo y arrancar
la piedra ajena
               piedra sola

alcé la vista hacia los ojos
de la Esposa e, intermitentemente, vislumbré
el hueco en canto
de su sexo;
ella estaba allí, siempre estuvo
su mano entre mis cabellos, el calor
de sus muslos
latiéndome en la mejilla, alimentando
el fluir inconcluso de la sangre

dije su nombre sobre todos los nombres
y todos ellos perdieron su forma
desde su mirada;
obvié la mentira -articulada
en mis propios ojos,
tan conocida
pero negada-,
y respiré, al fin
               negué el Todo para que me fuese afirmado
y, como aquel hombre, dije:
"Escucha, madre, he vuelto",
conmigo la verdad sola
sumergida
a lo hondo
               y allí la Esposa,
               que siempre estuvo

sábado, 18 de junio de 2016

Poema 51

"Miré las aguas
y vi su gesto grácil
y vi en mis ojos su mirada
y ardió el río
con el dardo de amor,
y discurría mi cuerpo
con el suyo
entre las llamas del agua."

Clara Janés

[al fin]

jueves, 16 de junio de 2016

lunes, 13 de junio de 2016

7.09 [del miedo]

A tientas, sin reconocer los espacios, terminé sentada en algún punto indefinido del suelo de aquella casa; próxima a la muerte la oscuridad absoluta de la noche. Acaso pudiera yo beberla cuando ella, saciada de mí, me lanzó al vacío.
Útero nocturno y su imposibilitado nacerme. Pensamientos agolpados en la garganta, no palabras. Volver al origen y reconocer en él la incertidumbre de la aún no parida mañana.
¿Quizá?
Volvió la luz y, con ella, sobrevivida yo a la muerte. "No me arrebates de nuevo", le dije conociendo la respuesta. "No me arrebates".

sábado, 11 de junio de 2016

1.54



A lo largo de un instante quizá demasiado largo olvidé mi rostro y me desnací; despojamiento absoluto de mi ya no mía materia. Volvería a mí después, desvestida, vuelta hacia mi propio origen. Era cierto: "cuanto más te alejas, más me acercas a mí mismo".
Dentro de mí os vi de nuevo. Dentro, tan dentro que fuera; os veo, os siento ahora en vuestros labios que son los míos, en vuestros ojos que reflejan lo que los míos pudieran acaso adivinar. Un café, noches de sábado fumando en la cocina, brazos que abarcan años en su eterno cobijo; palabras inmaculadas, no memoria. Os veo, al fin, en el mismo punto en que vosotros no dejasteis jamás de verme.
Percibo la frescura infinita de vuestra piel desde mis orillas. Allí, vuestras risas desnudan mi rostro.

viernes, 10 de junio de 2016

Sé tú mi límite



"Tu cuerpo puede
llenar mi vida,
como puede tu risa
volar el muro opaco de la tristeza.

Una sola palabra tuya quiebra
la ciega soledad en mil pedazos.

Si tú acercas tu boca inagotable
hasta la mía, bebo
sin cesar la raíz de mi propia existencia.

Pero tú ignoras cuánto
la cercanía de tu cuerpo
me hace vivir o cuánto
su distancia me aleja de mí mismo
me reduce a la sombra.

Tú estás, ligera y encendida,
como una antorcha ardiente
en la mitad del mundo.

No te alejes jamás:
Los hondos movimientos
de tu naturaleza son
mi sola ley.
Retenme.
Sé tú mi límite.
Y yo la imagen
de mí feliz, que tú me has dado."

José Ángel Valente

miércoles, 8 de junio de 2016

Lepidòpters

"Només t'he conegut de perfil,
tal com et va col·locar la mort
l'últim diumenge del mes de maig.

També de perfil era més senzill
caçar les papallones de la pineda:

després els dits quedaven
empolsimats amb escates
càlides y cendroses.

I tu deies si l'agafes així
no tornarà a volar.

I jo mirava aquella purpurina
quasi mineral
adherida a la paciència
dels dits

i no entenia la paradoxa
del tacte,

que a penes toca un ésser
el destrueix."

Gemma Gorga

martes, 7 de junio de 2016

Lázaro (II)

Me induje mi propia muerte.
Quería la nada pero la nada
solo sostendría al pájaro;
quería el centro
y en él la piedra
ya;
el deslizarse fue acaso
un brazo en el agua
y el fondo, un espejo en el que no
reconocerse
aún, palabra
en la que no habitaría ya más nunca
o de la que llevar deshabitada demasiado tiempo.

No había suficiente graduación en la mirada para entender más allá
de la palabra muerte; qué ver
allí
sino a ti de ti arrancado.
Verse cuando no se es, quizá
a través solo
de la aún no muerte
del ojo ajeno, desde el tacto de las retinas,
         sus dedos
sobre la lengua más honda de la conciencia: "creo
que esto soy yo", "recuerdo
que podría ser yo, pero
cómo serme fuera ya".
Fuera.

Aun así me llamaban.
Me llamaban desde el nombre cuando su cáscara
solo recubría la adiposa cáscara de mi piel;
incluso hasta la verticalidad de la carne hundida en metales
llegaban sus voces.
Nadie quería nacerme en sí,
pero me llamaban. Grité.
"Madre", dije, rompiéndose ella
y mi voz al pasar entre las espinas de la garganta.

"Madre", grité de nuevo,
y madre y palabra que la contenían
desaparecieron.

Siempre lo supe. Sabía que la respuesta
era el silencio.
Y pese a ello

domingo, 5 de junio de 2016

Nocturno del hueco

"Para ver que todo se ha ido,
para ver los huecos y los vestidos,
¡dame tu guante de luna,
tu otro guante perdido en la hierba,
amor mío!

Puede el aire arrancar los caracoles
muertos sobre el pulmón del elefante
y soplar los gusanos ateridos
de las yemas de luz o las manzanas.

Los rostros bogan impasibles
bajo el diminuto griterío de las yerbas
y en el rincón está el pechito de la rana
turbio de corazón y mandolina.

En la gran plaza desierta
mugía la bovina cabeza recién cortada
y eran duro cristal definitivo
las formas que buscaban el giro de la sierpe.

Para ver que todo se ha ido
dame tu mudo hueco, ¡amor mío!
Nostalgia de academia y cielo triste.
¡Para ver que todo se ha ido!

Dentro de ti, amor mío, por tu carne,
¡qué silencio de trenes bocarriba!
¡cuánto brazo de momia florecido!
¡qué cielo sin salida, amor, qué cielo!

Es la piedra en el agua y es la voz en la brisa
bordes de amor que escapan de su tronco sangrante.
Basta tocar el pulso de nuestro amor presente
para que broten flores sobre los otros niños.

Para ver que todo se ha ido.
Para ver los huecos de nubes y ríos.
Dame tus manos de laurel, amor.
¡Para ver que todo se ha ido!

Ruedan los huecos puros, por mí, por ti, en el alba
conservando las huellas de las ramas de sangre
y algún perfil de yeso tranquilo que dibuja
instantáneo dolor de luna apuntillada.

Mira formas concretas que buscan su vacío.
Perros equivocados y manzanas mordidas.
Mira el ansia, la angustia de un triste mundo fósil
que no encuentra el acento de su primer sollozo.

Cuando busco en la cama los rumores del hilo
has venido, amor mío, a cubrir mi tejado.
El hueco de una hormiga puede llenar el aire,
pero tú vas gimiendo sin norte por mis ojos.

No, por mis ojos no, que ahora me enseñas
cuatro ríos ceñidos en tu brazo,
en la dura barraca donde la luna prisionera
devora a un marinero delante de los niños.

Para ver que todo se ha ido
¡amor inexpugnable, amor huido!
No, no me des tu hueco,
¡que ya va por el aire el mío!
¡Ay de ti, ay de mí, de la brisa!
Para ver que todo se ha ido."

Federico García Lorca